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Boicot amarillo a la ola ciclista del Tour





Boicot amarillo a la ola ciclista del Tour ##fechadiario##
Páginas enteras de publicidad en la prensa local pagadas con el erario público.

Propaganda del Tour que no falte, otra cosa es el habitual estado pésimo de las bicicletas, que por eso son low cost (estado que por cierto no advertí al sacar la foto con la mirada fija en el anuncio).

Estación vacía del Bicing a las 15:30h del viernes 4 de julio de 2009.









En tiempos de crisis, la política populista es lo que se lleva. Cualquier evento puede convertirse por el arte del marketing en un grito para que la gente se desahogue frente a sus héroes. La reciente catarsis con el Barça tricampeón seguro que ha animado al alcalde barcelonés a buscar nuevas odas y no se le ha ocurrido nada mejor que dar la bienvenida al Tour, que vaticina nos dejará millones de euros, si tenemos en cuenta que sólo este evento mueve 4.500 personas y 2.500 vehículos. La iniciativa de festejar el Tour de Francia se anuncia como un acto de afirmación barcelonesa, aunque la ciudadanía sobreviva como pueda, porque esta ciudad es cada vez más de los turistas que de los residentes. Y como las arcas municipales están a rebosar, un pequeño dispendio para la autoafirmación política siempre viene bien. Por eso, el consistorio ha dado luz verde a gastarse lo que sea en publicitar esta iniciativa con banderolas callejeras, vallas publicitarias y anuncios impresos, además de editar 450.000 láminas amarillas para hacer la ola humana más grande y, de este modo, festejar el paso de los ciclistas profesionales, que por pedalear cobran cantidades astronómicas.

El reto es nada más y nada menos que reunir a centenares de miles de ciudadanos aburridos o enamorados de su hereu, para que vitoreen a los ciclistas a lo largo de los 13 km de recorrido urbano con 7.000 vallas protectoras, 450 voluntarios y las 450.000 láminas amarillas. Y es que desde el consistorio barcelonés esperan medio millón de personas que griten "Barcelona ciudad de sueños"... Pero para que nadie se olvide de este acto apoteósico a mayor gloria del megaalcalde, esta vez, además, y por primera vez (para que se enteren de que la publicidad sobre dos ruedas puede servir de gancho), han tuneado las 6.000 bicis del Bicing con propaganda del evento. Además, en todos los periódicos locales se han publicado páginas enteras de anuncios. Finalmente, una horda de trabajadores se han lanzado a colgar avisos en más de 15.000 edificios y 4.000 accesos a aparcamientos afectados por tan magna procesión. Porque esta ciudad vive a golpe de olas ciudadanas, para olvidar el desgobierno. Pero ni la oposición se atreve a criticar este populismo, por si acaso.

Lo que habría que pasar de boca en boca es precisamente el boicot amarillo a esta llamada a hacer la ola más grande del mundo. Porque los tiempos no están para festejar la llegada del Tour de Francia ni de otros eventos en los que sus protagonistas cobran en un día lo que muchos ciudadanos no consiguen en un año de duro trabajo. Alguien debe pensar, en el Ayuntamiento, que los casi 200.000 inscritos al Bicing –ya que les ofrecen bicicleta low cost– serán vasallos de esta petición de reunirse para festejar el pedaleo profesional. Probablemente, la escasa capacidad crítica por el hastío sociopolítico consiga que la gente claudique y se lance a la participación, aunque el ciclismo no es el fútbol.

El que Barcelona sea un punto de llegada y salida del Tour cuesta según noticias 1 millón de euros (de eso se financia este evento). Luego dicen los estudios que esta inversión llega a reportar hasta 30 millones de euros. Una vez más, pagamos entre todos y el beneficio se reparte en hoteles, restaurantes, souvenirs, etc...Lo que está claro es que a parte está el gasto de la llamada a la ola amarilla la cual va costar lo que no nos comunicarán. En definitiva, menos dinero público para la promoción de la bicicleta (carriles bici, aparcamientos, etc.). Los que a diario nos movemos pedaleando apreciamos que, digan lo que digan, ésta es una ciudad diseñada para el transporte privado, aunque seamos la ciudad más contaminada. Pero los datos de la calidad atmosférica ni se publicitan ni interesan, a pesar de que deje una estela de afectados.

Hace unos días, el Parlamento catalán se cepillaba la Inciativa Legislativa Popular contra los transgénicos simplemente rechazándola por número de votos en la cámara. Les importaban un comino las 105.000 firmas recogidas y ni siquiera tuvieron la delicadeza de, al menos, aceptar el debate en el Parlamento. Ésa es la política de hoy en día. Vota y calla y los mecanismos de participación legales se los pasa uno por el forro. En el caso de la llamada a la ola amarilla por el Tour de Francia a su paso por Barcelona (ciudad que no pertenece a Francia, por ahora), se plantea en términos de barcelonismo virginal. El auténtico barcelonismo sería el de una ciudad que apoya las iniciativas empresariales que dan trabajo y esperanza a miles de personas o que simplemente despide a héroes verdaderos, como el cooperante Vicente Ferrer. Pero estas cosillas a la política no le importan. Por esto, lo único que nos queda si uno todavía tiene sensibilidad socioecológica es el boicot amarillo. El boicot a iniciativas que lo único que persiguen es que personajes mediocres metidos en la política sigan en su posición, cobrando buenos sueldos. Porque ni el ruido urbano, ni el incivismo, ni las políticas sociales importan más allá de promulgar ordenanzas que se quedan en agua de borrajas. Podrían gastarse el dinero de esta ola amarilla del Tour en promover una ola azul de energía fotovoltaica, pero (y sólo a modo de ejemplo) la lucha contra el cambio climático con energía renovable no interesa.

Si alguien piensa que el Tour es una gran fiesta del deporte, mejor que se tome una dosis de hormonas y vaya a correr por el campo, feliz de saber que nadie le tomará muestras de sangre para el antidopping por su récord personal. Y los que pedaleamos diariamente con nuestra bici como medio de transporte seguiremos respirando aire sucio entre el caos circulatorio, esperando que el Tour no vuelva y nos deje sobrevivir a la crisis socioecológica. Al menos, con este diario, nadie podrá decir que no fuimos consecuentes promoviendo el boicot amarillo a favor de una ciudad más sostenible.


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