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Apagón contra el cambio climático





Apagón contra el cambio climático
1 Febrero 2007. Sucedió entre las 19,55 y las 20,00h a raíz de una convocatoria de la ONG ecologista francesa Alianza por el planeta de que apagásemos la luz durante cinco minutos para alertar a los políticos sobre el peligro del cambio climático. La fecha fue escogida para que coincidiera con la presentación en París del nuevo informe del grupo de expertos climáticos de las Naciones Unidas.

Aunque inicialmente, podía parecer una curiosidad, lo cierto es que la publicidad institucional (con el apoyo incluso del Ministerio de Medio Ambiente) hasta la prensa provocaron que la participación aunque minoritaria se dejara sentir y la red bajara su consumo en 1.000 MW que equivalen a la producción de una central nuclear o de 500 aerogeneradores. No fue más que una reducción del 2,5 % y tan sólo durante 5 minutos. El 12 de marzo de 2004 cuando miles de personas hicieron un paro cívico en su trabajo para protestar por los atentados del día anterior la caída de la demanda fue de 2.500 MW. O sea que está claro que el cambio climático todavía no se percibe como una amenaza como el terrorismo, a pesar que se cierne sobre nosotros ya dejando una estela de muchos miles de personas más que la de los actuales conflictos bélicos.

En estos tiempos de confirmación de que las emisiones con efecto invernadero y que estimulan el calentamiento global no paran de crecer cualquier medida de sensibilización es bienvenida. Pero quizás deberíamos dejar de divertirnos para ver si finalmente conseguimos que una gráfica en la computadora de la Red Eléctrica pega un bajón y apostar definitivamente por adoptar cambios en nuestro comportamiento. Se puede ser radical si se quiere, pero basta con pequeños cambios y podríamos reducir hasta un 15 % las emisiones actuales (que aunque es insuficiente es un buen ejercicio para empezar a entrenarse en la vida simple). Esforzarse e invertir en eficiencia energética y energías renovables es hoy por hoy el mejor regalo para nuestros descendientes. Pero, el verdadero reto está en asumir que nuestro estilo de vida no es sostenible y que se traga el equivalente a 4 planetas mientras la mayor parte de la humanidad está sumida en la pobreza. Razones e imágenes tenemos de sobra para cambiar.

Un apagón voluntario se convierte en casi una curiosidad. Sin embargo, quizás deberíamos empezar a protestar por que la iluminación callejera de nuestro país es excesiva, a exigir responsabilidades por el parque de viviendas que se ha edificado sin criterio alguno de ahorro energético hasta la fecha. Y que permitir la construcción de coches que sobrepasen los 120 km/h supone contribuir al cambio climático y empeorar la calidad del aire que respiramos y por tanto acortamos la vida de nuestros hijos. Nos deberíamos comprometer con gestos concretos contra el cambio climático y hablar o jugar menos a ser ecologista por unos minutos. Nunca mejor dicho, no está el planeta para bollos...