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22/01/2007
Los anfibios nos lanzan otro aviso a atender




Los anfibios nos lanzan otro aviso a  atender
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Los anfibios nos lanzan otro aviso a atender

Detalle del hongo quitridio Batrochochytrium dendrobatidis que ataca las poblaciones de anfibios.


Presencia del hongo en el planeta.



Los anfibios son buenos indicadores de la salud del medio ambiente.

Enero, 2007. Por sus características biológicas los anfibios resultan ser los animales más sensibles ante cualquier alteración de su medio, por lo que son los primeros en reaccionar cuando surge algún problema. Por ello son una clase particularmente amenazada, pues un 33% de las especies de anfibios se encuentran amenazadas, en comparación con los mamíferos (el 23%) y las aves (el 12%). Según Russel Mittermeier, presidente de Conservation Internacional, “los anfibios son uno de los mejores indicadores de la salud de la naturaleza” y su declive nos advierte de que "estamos en un periodo de significativa degradación ambiental”.

Desde los años ochenta sus poblaciones se están reduciendo de forma alarmante según los investigadores. Hasta ese momento su desaparición en determinadas zonas se relacionaba con el aumento de la contaminación, la lluvia ácida y la alteración de sus hábitats. Pero entonces se evidenció que estaban desapareciendo varias especies en zonas lo suficientemente vírgenes como para que los efectos del hombre llegaran con esa virulencia. Así se determinó la extinción de la rana incubadora gástrica en la zona tropical del Este de Australia o el sapo dorado de Costa Rica que desapareció en sólo tres años.

Un proyecto impulsado por la Fundación BBVA ha identificado la causa de la muerte de tantos anfibios; resulta ser un hongo quitridio llamado Batrachochytrium dendrobatidis que produce la enfermedad denominada quitridiomicosis en estas especies, atacándoles la piel, un órgano impresicindible para su homeostasis hídrica y gaseosa y defensa inmunológica.

Aunque este hongo siempre ha estado en contacto con los anfibios hay algunos factores que lo han convertido en  peligroso para el equilibrio de los ecosistemas. Por un lado la comercialización y utilización de determinados anfibios para usos terapéuticos, de investigación o de consumo alimentario ha provocado su difusión en el territorio. Por otro lado, el cambio climático ha jugado un papel determinante en hacerlo tan peligroso. El hongo representa una enfermedad emergente, y la segunda específica para los anfibios conocida hasta entonces, la pata roja, pero que no tiene el mismo efecto de mortalidad en todas las especies.

El proyecto “Enfermedades Emergentes en Anfibios”, dirigido por Jaime Bosch, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales y responsable del equipo que en 2001 describió el primer caso de quitidriomicosis en Europa, está siendo posible gracias a las ayudas a la investigación en Ecología de la Conservación de la Fundación BBVA, y empieza a poner remedio a un problema urgente y de abasto planetario. Con Bosch trabajan investigadores de Australia, del Reino Unido y de Ecuador. Otros países como Perú, Bolivia, Cuba, Chile, Costa Rica y la India, con grandes poblaciones de anfibios, colaboran y se beneficiarán de estas investigaciones. Equipos de científicos de otros países se han ido sumando, consiguiendo llegar a reunir más de cinco mil muestras, que son sometidas a la reacción en cadena de la polimerasa en tiempo real, técnica que permite detectar –a través del ADN, la presencia del quitidrio y la gravedad de infección en cada ejemplar.

Los análisis efectuados en los animales estudiados hacían preguntarse qué modificación del entorno ha producido que el hongo se extendiera y fuera más virulento, y la respuesta ha tenido que ver con el calentamiento global. Bosch lo explica de la siguiente manera: “El hongo sobrevive a temperaturas tan bajas como 4ºC, pero sin embargo deja de crecer a los 28ºC y muere a partir de los 31ºC. Su temperatura óptima de desarrollo es 23ºC.” En los últimos años han aumentado sensiblemente los días con temperaturas entre 21ºC y 27ºC, momento en que los anfibios son más vulnerables ante el hongo.

El tratamiento inicial de los animales afectados se realizaba con fungicidas, pero a menudo provocaban efectos secundarios más nocivos que el propio hongo. Así el tratamiento más eficaz pasa por exponer los ejemplares por temperaturas más altas para matar el quitrido, pero esa solución sólo puede aplicarse en cautividad, por lo que algunos de estos países están criando especies de anfibios en cautividad para repoblar en caso que desaparezcan en su medio natural.

Como vemos la solución al problema que estamos provocando a los anfibios es complicada, y puede desequilibrar ecosistemas enteros; si realmente estos animales sirven de sensores sobre la calidad del ambiente deberíamos prestar más atención a otro síntoma que proviene del mismo problema ambiental y del que somos responsables, y actuar a nivel personal para tratar de solucionar el gran reto de los próximos años.

 

Modificado
09/02/2017

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