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Los residuos plásticos alteran el ciclo del carbono y la vida marina

JORDI GISPERT (26-05-2022)

Mar Menuda (Tossa de Mar) 8 metros de profundidad (25-05-2022)
  Mar Menuda (Tossa de Mar) 8 metros de profundidad (25-05-2022)

Vivimos en un mundo plástico. Vestimos fibras plásticas de poliéster, regulamos la temperatura corporal dentro del agua con el neopreno, protegemos nuestros alimentos con capas de polipropileno, usamos y tiramos vasos y cucharas cafeteras de poliestireno en efímeras paradas dentro de este mundo acelerado y alejado del entorno natural; conectamos tuberías y forramos edificios con cloruro de polivinilo (PVC), y entre otras muchas cosas conducimos automóviles que viajan sobre sólidos neumáticos de caucho. La elasticidad, durabilidad, impermeabilidad y practicidad de elementos variopintos, naturales o sintéticos, agrupados bajo el mismo nombre griego (plastikos) que significa “moldeable, transformable”, conforman cualidades tan preciadas que de tan perfectas se han tornado en un problema gigantesco por la contaminación de suelos, aires, mares y organismos. No se han determinado con detalle todavía cuáles son las consecuencias, pero el plástico está ya modificando ciclos biogeoquímicos complejos, y afectando en gran medida a la salud humana.  

¿Qué es el plástico?

El plástico es un producto maleable, adaptable, protector y resistente, fruto de una larga investigación que ya desde el siglo XIX perseguía hallar un material más apropiado para múltiples aplicaciones de la actividad diaria. Es, químicamente hablando, una sustancia orgánica, derivada en su vasta mayoría de monómeros (pequeñas partes) de algunos subproductos del petróleo surgidos de las refinerías, o también de elementos del entorno aún no transformados como son la caseína (proteína presente en la leche de los mamíferos), el látex (líquido viscoso que segregan plantas y hongos sobretodo en sitios tropicales) o la celulosa (la macromolécula más abundante en la pared celular de muchos vegetales). A partir de esta división, puede devenir y ser considerado un material sintético o natural. Para producirlo, basta con multiplicar (polimerizar), a través de enlaces químicos distintos, las cadenas de moléculas de base y de pequeña masa constituidas fundamentalmente por átomos de carbono y de hidrógeno.

¿Y los aditivos?

Con el objetivo de complementar las propiedades variopintas referidas, la industria de los plásticos, que surgió cual remolino innovador y que ha visto incrementar facturación y envergadura de manera exponencial desde mitad del siglo XX, refuerza los polímeros finales con un amplio abanico de aditivos, sustancias añadidas que se usan para dar color o para optimizar características estructurales, visuales, físicas y químicas. Los plastificantes contribuyen a la flexibilidad, los antioxidantes sirven para prevenir degradaciones fruto del oxígeno y sus derivados, los estabilizadores protegen de la intemperie, los lubrificantes minimizan la fricción y aquellos ignífugos impiden los incendios en un material que es combustible. Estos elementos tienen sin embargo consecuencias secundarias para el medio natural, y resultan muchas veces tóxicos para una vasta representación de organismos animales y también para la especie humana. Un peligro que se agrava si se tiene en consideración que la mezcla de compuestos agregados representa comúnmente entre un 50% y un 60% del peso del producto plástico acabado.   

 

Algunas cifras

La industria de los plásticos produce cada año 368 (datos de 2019) millones de toneladas de este material, del que sólo se recicla un 30% aproximadamente. El 70% restante termina en vertederos, incineradoras o acaba como un residuo olvidado e invasor en la naturaleza. Mayormente es a través de ríos, o en forma de microplásticos (los pedazos que no alcanzan los 0,5 milímetros) que se cuelan por los filtros y depuradoras, que este llega al mar, donde permanecerá por largo tiempo, con períodos estimados de degradación que no bajan de los 400 años.
Del total de la fabricación anual, un 5% (18 millones de toneladas!!) desemboca finalmente en el vasto océano, conformando más que un collage de piezas grandes una sopa de partículas muy diminutas, de la cual ha trascendido sólo a nuestra vista un 1%. Este intruso, que ya ha alcanzado el sobreático del mundo (Himalaya) y el sótano planetario (la Fosa de las Marianas) se acumula en los grandes giros, en calas y costas resguardadas, y discurre al ritmo de corrientes, olas y mareas, y queda a merced también del uso, ingesta y trampa que supone para los millones de animales que habitan el inmenso azul.
Desde que empezó su confección a gran escala (1950), se han producido 8.300 millones de toneladas de plástico, con un peso equivalente al que tendrían 1.000 millones de elefantes u 80 millones de ejemplares de ballena azul. Del que yace ahora mismo en el mar, las tres cuartas partes vienen de los continentes y el restante es consecuencia de la pesca (redes y artilugios) e igualmente de la actividad marítima incesante (boyas, objetos de barcos o pedazos de pintura desprendidos de sus cascos).  

Plástico y clima

¿Pero qué ocurre en concreto a nivel químico con esa maraña plástica marina? ¿Cómo afecta al ciclo del carbono? ¿Tendrá eso consecuencias para el clima? Las respuestas no son claras todavía. Sí que es cierto que, expuesto al calor, el material plástico genera gases de efecto invernadero, como el etileno, el metano o el propio CO2. Pero comprender en su totalidad este fenómeno conlleva considerar y estudiar factores muy distintos. Es una competición de fondo que ha generado últimamente novedades. Son diversos los equipos de investigación que ponen todo su empeño en este campo. Uno de ellos, liderado por la doctora Cristina Romera (Institut de Ciències del Mar, Barcelona), está en la vanguardia de la actualización en la materia.   

Carbono orgánico Disuelto

Este grupo ha estimado que cada año y a nivel mundial el plástico marino suelta a su entorno 57.000 toneladas de carbono, en la forma de Carbono Orgánico Disuelto. Hablamos tanto de aditivos como de los propios materiales (polímeros) con los que está fabricado. La degradación se acelera sobre todo por efecto de la luz del sol y por tanto es más significativa en los primeros metros de la columna de agua. A través de experimentos de laboratorio, simulando condiciones naturales de temperatura, se ha observado que los derivados del petróleo, como el poliestireno o el polietileno, que de hecho representan una mayoría de los plásticos visibles cerca de la superficie, son los que más porcentaje de materia pueden desprender. Estas cifras se incrementan  proporcionalmente con la edad. El plástico virgen suelta menos material, mientras que aquel que ya ha sido parcialmente degradado, erosionado, deja libres más compuestos que acaban formando parte del inmenso reservorio de carbono orgánico disuelto que dispone el vasto océano: un total de 662 gigatoneladas (1 gigatonelada = 1000 millones de toneladas), una suma parecida al que permanece acumulado en forma de CO2 en las capas atmosféricas.

Biodegradables

En contra de lo que era una creencia generalizada, los plásticos biodegradables, hechos parcialmente o en su totalidad a partir de componentes naturales, no aceleran el proceso dentro del agua marina, sino que desprenden menos elementos que aquéllos derivados del petróleo. Los análisis realizados con el PLA (ácido poliláctico), uno de los más usados por la industria, demuestran esta tendencia, y también una menor actividad de descomposición de las bacterias con respecto al poliestireno o el polietileno. Hace falta recalcar que la biodegradación total de este tipo de compuestos que supuestamente son más “ecológicos” ocurre únicamente a temperaturas por encima de 50 grados, unas condiciones escasas en el ambiente, y absolutamente nulas en el mar, sobre todo cuando por efecto de la colonización de otros organismos vivos (biofilm), estos plásticos se hunden y alcanzan cotas abisales, con escaso movimiento de corrientes y aguas frías.     

Plástico y producción primaria

Toda la materia orgánica liberada por el plástico (esas 57.000 toneladas anuales) contribuye en una escala muy menor al total del carbono orgánico disuelto (662.000 millones de toneladas). No obstante, puede provocar en las concentraciones una multiplicación de los microorganismos y alterar así de base los ecosistemas y al mismo tiempo las cadenas tróficas, mediante las cuales ya el plástico ha llegado a ser parte habitual del organismo de otros animales y también del ser humano. Asimismo inhibe la capacidad fotosintética del fitoplancton, diminutos organismos vegetales que son base alimentaria de los predadores, fuente principal de oxígeno, y ávidos consumidores de CO2, que atenúan por lo tanto el efecto invernadero y el calentamiento.  

Soluciones

La legislación avanza de manera muy dispar, y aunque a paso de hormiguita, ya se han prohibido en el viejo continente, los plásticos de un sólo uso (Directiva UE de 3 de julio de 2021). La ciencia, de otro lado, investiga en base a una enzima (PETasa) detectada en una bacteria Idonella sakaiensis, que es capaz de degradar el polietileno. Mucha gente, más allá, emprende iniciativas de limpieza, en un campo en el que la tecnología se abre paso con muy elevadas y honradas pretensiones (Proyecto The Ocean Cleanup). Pero el método más efectivo para revertir la situación creada por el plástico, no es otra que eliminar, o al menos reducir muy significativamente, su consumo y producción.

QUÉ PUEDO HACER YO: 

  • Reducir todo lo que se pueda el consumo de material plástico. Y en su defecto, tratar de reutilizarlo o al menos gestionarlo adecuadamente para que se pueda reciclar con posterioridad. 
  • Mirar de reutilizar la ropa y no comprar constantemente nuevas prendas, que son las que en un primer lavado, generan mayor cantidad de fibras plásticas.
  • Hacer siempre la compra a granel, y servirse de una bolsa propia para transportar productos.
  • Devolver a los supermercados, en señal de protesta, los envases plásticos sobrantes que se usan sobre todo para envolver frutas, verduras o platos preparados.
  • Reducir el uso de vehículos para evitar la dispersión de pequeñas partículas de goma que acaban derivando en la acumulación de microplásticos al medio.
  • Colaborar en campañas de sensibilización.
  • Participar en jornadas de limpieza u otras iniciativas que, más allá del papel simbólico que desempeñan para el medio, amplifican el mensaje y permiten llegar a más conciencias.
  • Informarme más acerca de la afectación que tienen los residuos plásticos, con una especial atención a los daños o alteraciones que causan a nuestros mares.
  • Comprobar directamente y con los propios ojos en el mar las acumulaciones de este material en fondos, superficie y playas. 

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