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Tras el festín





Tras el festín
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1. Pareja de buitres en pleno vuelo libre
2. Más de 2,5 m de envergadura sobre el cielo
3. Portada del libro sobre la trashumancia en Catalunya

Hay animales de los que no hemos sabido comprender su esencia ecológica. Uno de estos es sin duda el buitre. Esta ave portentosa, que pesa unos 10 kg y que su envergadura supera los 2,5 m, es una de las que los ecosistemas de montaña albergan en muchas partes de la península. El buitre leonado, es sólo el más común de otras especies menos abundantes y algunas de ellas amenazadas como el quebrantahuesos, el buitre negro o el pequeño alimoche. Todos ellos comparten que se alimentan de carroñas y que, por tanto, pueden considerarse los recicladores naturales para dar nueva vida a lo muerto. Sin embargo, el término carroñero en nuestra mente tiene otros significados mucho menos positivos. Lamentablemente, entre un carroñero humano y un buitre hay un profundo abismo. Pero es precisamente este abismo semántico el que ha convertido estas aves planeadoras en vilipendiadas aún cuando su labor ecológica es digna de nuestras más alta estima.

Pero si alguna positiva relación entre el buitre y los humanos se la debemos a la práctica de la ganadería extensiva y en concreto de la cría de ovejas que aporta carne, lana y queso. La ganadería ovina en las zonas de montaña constituye una de las adaptaciones más antiguas y también con un oficio bien conocido, ahora en extinción, la del pastor. La historia de los ganados de ovejas ha tenido sus más y sus menos, pero en cualquier caso, está ligada a un aprovechamiento sostenible de los pastos. La búsqueda de la hierba, de la buena hierba es lo que llevó a la conocida trashumancia o trasiego de ovejas a veces por centenares de kilómetros a través de  nuestra vasta geografía. La trashumancia constituye hoy una realidad en decadencia a pesar de los esfuerzos por recuperar la actividad y las propias sendas o cañadas reales por donde trascurre. En cualquier caso en las últimas décadas se han dado importantes pasos para recuperar esta actividad en nuestro país. Ahí pues es donde la población de buitres y la de humanos se une en un beneficioso encuentro. Los buitres se hacen cargo de los ovejas que por razones de enfermedad perecen o bien durante el viaje o en los pastos. El cadáver de la oveja se convierte en buen manjar no sólo para buitres sino también para otras aves y mamíferos. El ciclo de la vida en la montaña humanizada ha dado alas a los buitres.

A pesar de que la ganadería ovina va más bien a menos por la falta de pastores, un oficio sin duda duro, pero que mantiene al humano en pleno contacto con el medio, la población de buitres se ha recuperado en algunas partes en estas últimas décadas merced al aporte artificial de restos animales en los llamados muladares. Cerca de estos lugares los buitres pueden convertirse en un verdadero espectáculo. Lógicamente, por el bien de estas especies protegidas y para evitar molestias a estos animales son lugares que están vigilados. Sin embargo, uno a base de observación puede situarse cerca sin molestarlas y entonces obtener la satisfacción de extasiarse con el planeo de los buitres. El buen amigo Ricard ha aprovechado estos días de vacaciones para sentir la naturaleza en todo su esplendor y no ha podido contener su emoción de compartir la belleza de sus fotos a las cuales yo tampoco me he podido resistir de dejar constancia en este diario.

Precisamente, estas imágenes me han llegado tras al poco de conocer la publicación de un libro singular realizado por un hombre que ha llevado su pasión al seguimiento de la trashumancia ovina en Catalunya por muchos años. Pocas personas del mundo urbano han pasado tantas horas entre pastores a su autor Ferran Miralles. Tantas conversaciones y horas de convivencia entre los últimos pastores trashumantes de esta región no podía perderse en el olvido y de ahí ha salido el libro Mil anys pels camins de l’herba (Mil años por los caminos de la hierba) que va acompañado de un viaje fotográfico de impresión.Es el testimonio de algo que en nuestra región está desapareciendo bajo el empuje del turismo y otras actividades menos sostenibles. El urbanismo y el turismo masificado de nieve y deportes de aventura van desposeyendo las montañas y los prados de su esplendor natural. Quizás en este sentido este puede considerarse como un libro legado. La obra aborda todos los aspectos de estos viajes entre ovejas, desde la organización de los pastores hasta el reparto de pastos pasando por las cuatro estaciones de la vida de los pastores. Son 250 páginas bellamente ilustradas con magníficas fotografias que hacen que este libro no tenga desperdicio. A buen seguro que  para los amantes de la naturaleza es una joya.

En fin, que tras una celebración familiar aunque mínima y con el menor derroche posible...,  tras los huesos del cordero y otros residuos orgánicos al final de la comida, las imágenes de estos bellos buitres volando libres y la actividad ganadera trashumante no podían sino seducirme para compartirlo como postre sostenible.  



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