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Mejor con menos






Mejor con menos

Joaquim Sempere
Colección Noema
Editorial Crítica
Barcelona, 2009




Mejor con menos
Necesidades, explosión consumista y crisis ecológica

Vivimos los albores de una crisis económica de gran calado. Pero cada vez son más los autores que apelan a que la crisis –como indica la etimología griega– significa distinguir, escoger, decidir, por lo que en realidad es el momento de tomar la decisión. La solución a la crisis económica no puede ser sólo una cuestión de paradigma económico, dado que en el fondo subyace una dimensión ecológica y psicológica. Hasta ahora, la economía de los últimos decenios se ha basado en una ambición insaciable por tener más y más, olvidando las desigualdades y sobre todo la degradación ambiental. Llevamos media vida luchando contra la biosfera para extraerle hasta el último diamante o gota de agua pura.

Frente a esta realidad se perfila una única salida: la de apostar por un mundo con equidad y ecológicamente sostenible. Un camino que el libro Mejor con menos nos muestra que es posible. Basta con simplificar y racionalizar el metabolismo social, reducir la huella ecológica de los países ricos y al mismo tiempo mejorar las condiciones de vida de esa mayoría de la humanidad que sufre escasez insoportable y vergonzosa, como afirma su autor Joaquim Sempere. Este doctor en filosofía no es la primera vez que se adentra en el tema.

El análisis de Sempere parte de la llamada explosión del consumo en la que se ha basado hasta ahora nuestra economía y estilo de vida. En realidad, trabajamos para consumir y consumimos para tener una posición social. Nuestras posesiones nos indican lo que somos y ellas determinan nuestras relaciones sociales. Hemos convertido nuestras necesidades en un refinamiento que afecta no sólo a la sensibilidad, sino también a las costumbres. Un refinamiento en el que subyace lo superfluo frente a lo necesario. Lo necesario es comer, lo superfluo es experimentar sabores extravagantes para comer. Y sin embargo, estas extravagancias son fruto de la innovación tecnológica e incluso intelectual. Resulta, pues, que mientras nuestro intelecto se nutre de innovación, la biosfera se hunde en un estado de degradación ecológica sin precedentes. Pero también es cierto que la innovación tecnológica ha sido capaz de cambiar la percepción del mundo. Un caso que cita el libro Mejor con menos es el del vidrio, que comenzó siendo utilizado para hacer contenedores, hasta que se aplicó en las ventanas de los edificios y luego, más tarde, cuando se perfeccionó su pureza, se utilizó para hacer gafas, telescopios, etc. O sea, que el propio concepto del yo se alteró en parte gracias al vidrio, que con los espejos y espacios vitales más luminosos transformó nuestros hogares y la luz entrante nos obligó a la necesidad de la higiene doméstica.

El reto, entonces, está en no frustrar el desarrollo tecnológico, pero también es evidente que debemos distinguir entre lo que son las necesidades finales, las intermedias y las instrumentales, sin olvidar que la existencia de necesidades finales implica siempre necesidades instrumentales, por lo que es necesario considerarlas en su conjunto para dilucidar las relaciones que implican entre el individuo humano y su medio natural y social. En cualquier caso, como reconoce otro filósofo mencionado en el libro, Jorge Reichmann, “los nuevos medios ingeniados y su acumulación y complejización en la tecnosfera, cuyo diseño global escapa hoy por hoy a ningún plan preconcebido, modifican los fines originales y crean fines nuevos”. Hoy, todos estos “nuevos fines” no se fundamentan en algo imprescindible y lo hacen depredando con desatino la capacidad de carga del planeta y por ello la huella ecológica de nuestro estilo de vida en los países ricos equivale a más de dos planetas. Por este motivo, la crisis ecológica alcanza ya todos los rincones del planeta, desde los témpanos árticos hasta los oasis del desierto.

Nos encontramos ante la necesidad de adoptar un nuevo paradigma socioecológico y éste sólo puede prosperar con la llamada pedagogía de los límites, para respetar el capital natural que deben heredar las futuras generaciones. Esta pedagogía implica una reducción de la población, del consumo y de la complejidad social. Mejor con menos apuesta por la suficiencia para todos y por ello deja claro que “para que una organización socioeconómica sea viable y tenga estabilidad, ha de ser capaz de satisfacer las necesidades básicas de las personas sin ejercer presiones destructivas sobre el medio ambiental natural. No sabemos cómo será una futura organización socioeconómica que cumpla estas condiciones. Pero seguro que funcionará –si funciona– con sistemas de necesidades muy distintos de los actuales”. Nuevas necesidades como la participación, la auto-realización, el amor, el crecimiento moral, el afecto o la confianza y autoestima deben imponerse sobre la apariencia, el lujo, el refinamiento o la glotonería. En cualquier caso, Mejor con menos es una obra que nos permite una reflexión serena sobre los estilos y niveles de consumo desde aspectos poco habituales, para incitarnos a un cambio de hábitos que –como reza el título del libro– nos permita vivir mejor con menos y de esta forma garantizar la supervivencia de las futuras generaciones.