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Koyaanisqatsi




 

 


Un viaje al fondo de nuestros temores



Vida en desequilibrio


ficha técnica
KOYAANISQATSI


Productor: Godfrey Reggio
Guión: Godfrey Reggio y Ron Fricke sobre un trabajo de dramaturiga de Walter Rachauer
Fotografía: Ron Fricke
Música: Philips Glass
Año: 1982
Duracion: 86 minutos
Existe en DVD de www.fox.es



KOYAANISQATSI
1. vida loca. 2. vida en tumulto. 3. vida en desintegración. 4. vida desequilibrada. 5. una condición de vida que clama por otra manera de vivir.

Koyaanisqatsi es un viejo vocablo de los indios Hopi para expresar la idea de “vida fuera del equilibrio”. Se inspira en las profecías Hopi que “excavar las riquezas de la tierra es cortejar el desastre” que “al acercarse el día de la purificación se tejerán telas de araña de un extremo al otro del planeta” y finalmente que “podría ser que algún día sea arrojado del cielo un receptáculo de cenizas que queme la tierra y evapore los océanos”. Con estas tres ideas la película trama un escenario narrativo que se apoya en una técnica cinematográfica singular la de acelerar las imágenes hasta crear un verdadero efecto de vértigo al espectador. Aunque, quizás,  no será la Abuela Araña la que teja los hilos, sino el hombre moderno, que levantará sus torres, sus arañas de hierro, tendiendo cables entre torre y torre.

El viaje fílmico está lleno de grandiosidad. Parajes como el Gran Cañon del Colorado con sus inhóspitos y escarpados relieves se convierten en el vientre de la Madre Tierra, que como las vellosidades de nuestro estómago, permiten por su fondo diluir los líquidos vitales que vierte el cielo. Un cielo con interminables ejércitos de nubes que lo atraviesan sin detenerse a la velocidad de vértigo. Y sin embargo, uno tiene la sensación de volar sin más.

Pero el verdadero corazón de esta película lo constituyen las incesantes riadas humanas deambulando por las calles, con rostros perdidos en el infinito, subiendo escaleras mecánicas como si la tierra nos vomitara. Miradas esquizofrénicas entre basura y miseria, entre máquinas de guerra y aviones que parecen mezclarse con las inacabables profesiones de coches en autopistas anchos como campos de fútbol.  Edificios que desafían al cielo, donde sus cristales reflejan un cielo ajeno a sus moradores. Conteos de billetes por máquinas automáticas. Cadenas de montaje de máquinas de alimentos, todo circulando como si nunca nada se detuviera. Circuitos que se funden con la vista de pájaro de la trama urbana. Gente que camina
apresurada, personas esclavas en oficinas que no apagan nunca sus luces jamás, brazos robot y gente adicta a los videojuegos que sujetan a sus bebés en brazos, gente tomando el sol en la playa con el fondo de una central nuclear.

Estamos ante una película provocadora, arte en bruto que reclama nuestra atención, imágenes a las que la audiencia le entran de forma violenta como sacudidas por un terremoto, aunque también nos aporta relajo, espacios para respirar y de esta forma podamos simplemente gritar: ¡basta!. Pero para entonces, todo nuestro mundo se dinamita y bloques de viviendas enteras se vienen abajo como si de la coreografía de un ballet clásico se tratara para finalmente alcanzar la clímax con la conquista del espacio exterior. Una metáfora bestial para advertir que de nada nos sirve salir al exterior pues nuestra mirada sigue en tierra, rodeada de desequilibrio y con una naturaleza que todavía nos ama aunque nosotros la despreciemos.

Koyaanisqatsi, la vida desequilibrada es sólo el principio de la trilogía QATSI de la que en cada nuevo capítulo ahonda en la sensibilización sobre nuestro mundo. POWAQQATSI, la vida en transformación (1987) es la segunda y que tras casi tres lustros llega a la tercera parte, NAQOYQATSI, la vida en guerra (2003).

La música que acompaña como la luz al alba es cristalina y fluye como los reflejos de una aurora boreal. Las transiciones entre los temas parecen no tener ni principio ni fin. La instrumentación permite apreciar a cada elemento muscial con claridad, con su color y registro, las cuerdas y el viento con cada son particular. Si uno toma tan sólo la banda sonora le permitirá revivir cada escena. Para los seguidores de Philip Glass, en Koyaanisqatsi tenemos una obra deliciosa, una de las mejores del autor.


Curiosidades...
Godfred Reggio concebió la película Koyaanisqatsi en 1974 como un proyecto de imágenes y música para transmitir ideas. Para ello contó con el apoyo del The Institute for Regional Education (IRE) una fundación benéfica ubicada en Santa Fe (New Mexico), y la del entonces joven cineasta Ron Fricke. En 1979 contactó con el músico Philip Glass que se entusiasmó con el proyecto y participó en los últimos años del proceso. Esta película fue realizada durante 7 años y se rodaron 70.000 m de celuloide. Esta película que rompe con todos los esquemas tradicionales, sin diálogos ni estructura narrativa, pone lo que tradicionalmente se consideran elementos de trasfondo tales como paisajes, ciudades y multitudes al frente con el fin de producir una intenso viaje a través de nuestro planeta en lo que se considera un poema visual extraordinario. El estilo musical personal de Philip Glass calificado de modular se distingue por su estructura repetitiva pero con una lograda musicalidad que se adapta perfectamente a la narración. Uno no sabe si las imágenes siguen a la música o al revés.