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Recipes for disaster

 




La familia Webster, protagonista de una dieta baja en carbono.
 


Buscar alimentos sin envase de plástico o remar en lugar de la lancha motora, algunos de los retos para reducir la huella de carbono en Recipes for disaster.
 
 
ficha técnica
Recipes for disaster
 
Director: John Webster
Protagonistas: Familia Webster
Cámaras: John Webster, Tuomo Hutri
Produccion: Millennium Film
Género: Documental creativo
Lengua original: inglés y finés
Duración: 85 minutos
Formato de filmación: HDV
País: Finlandia
Año: 2008
 
 
 
Recetas para afrontar el desastre 
Documental creativo para sensibilizar sobre el cambio climático
 
La función de cualquier documental es ilustrar la realidad sin ficción. Experimentar con la propia realidad para convertirlo en un documental fílmico es una fórmula que abrió Spurlock con su Super Size Me, alimentándose sólo con comida rápida para denunciar los efectos sobre la salud de esta forma basura de nutrirse. John Webster, cineasta finés pero de ascendencia británica, ha ido más allá. Ha convertido en proyecto fílmico el reto de su familia por experimentar si era posible vivir sin petróleo. Recipes for disaster nos ilustra un año intentando cambiar sus hábitos para reducir la huella de carbono de su familia. Por tanto, el film es un documental sobre nuestra dependencia de los combustibles fósiles y sobre cómo éstos afectan al cambio climático. Y no es por más; nuestro mundo consume cada año 31.000 millones de barriles de petróleo (1 barril son 159 litros). El CO2 que emite esta inmensa cantidad es equivalente a quemar una superficie forestal de cuatro veces la superficie de Francia.

Pero por su talante, Webster no quería hacer tan sólo un documental, sino que quería también entretener porque, como dijo una vez Billy Wilder, “si vas a decir una gran verdad a alguien, hazlo de forma divertida o te matará”. Así que asumió un reto nada sencillo, como es aunar el formato de documental con el verdadero espíritu del cine como arte imaginario. Pero debía contar con toda su familia, su esposa Anu y sus dos hijos, que se prestaron al experimento. El objetivo, aparentemente inocuo: un año sin consumir productos fabricados con combustibles fósiles. El símbolo inicial es despedirse del coche familiar y renunciar a cualquier producto que contenga o venga envasado en plástico. Y con estas condiciones, a experimentar. Por tanto, el film no parte de ideas preconcebidas, tan sólo de una convicción: que es posible vivir con una huella de carbono más baja y, lógicamente, de lo que sabemos. Un estilo de vida bajo en carbono se considera que consume 3 tn/CO2 año. El estilo de vida español está en 9 toneladas, el finés en 14 toneladas y el americano en 22 tn. Así que en principio no aparentaba ser muy difícil. Pero a medida que inician el experimento surgen las dificultades. Dificultades que se reflejarán en las diferentes opiniones de los miembros de la familia y que trama con maestría John Webster.

La frescura del documental, la capacidad por entretener, surge pues de esta dialéctica entre John como padre de familia y director del reto y el resto de la familia. Su esposa Anu asume el reto con la condición de que sea un ejercicio de un año y sus hijos porque, en realidad, el reto les parece casi como un juego. Pero pronto verán que cambiar de estilo de vida causa verdaderos trastornos domésticos y que el juego no tiene nada de divertido, ya que les obliga a cambios radicales. Por ejemplo, no comprar verduras y otros productos alimentarios que estén envasados en plástico no es fácil, pero es posible. Ir al supermercado sin coche les obliga a trastear la compra en carritos. Adquirir productos de higiene corporal que carezcan de envase plástico resulta imposible, por lo que no les queda más remedio que recurrir a fabricarse sus propias fórmulas. Pero, por ejemplo, un dentífrico comercial y uno casero a base de sal, bicarbonato y glicerina no dejan el mismo sabor y a los niños el tema les saca de quicio. Y lo mismo sucede con el champú de elaboración propia, que no deja el pelo tan lustroso como los químicos…
 
 
 

Luego vienen los desplazamientos. Los transportes colectivos como el autobús son una solución, pero requieren invertir mucho más tiempo que en auto, aunque en cambio pasan más tiempo juntos como familia. El desplazamiento a la casita del fin de semana, que antes hacían con una lancha motora, se convierte en un suplicio si se hace remando a fuerza de brazos. Por ello, optarán finalmente por apuntarse al motor diesel alimentado con biocombustibles fabricados localmente, aunque tampoco esta solución es simple, porque no se encuentran por doquier. Las vacaciones de verano al destino escogido, Italia, las harán en tren, pero eso requiere mucho más tiempo. La calefacción central alimentada con gasóleo y carbón la sustituirán por termos eléctricos con electricidad verde generada con energías renovables (aquí en España esto fue posible durante un tiempo, pero ya no lo es). Y así, con otras costumbres, van enfrentándose a lo imposible, como intentar celebrar la Navidad sin productos plásticos: algo tremendamente difícil.

Las dudas, pero también las reticencias y las costumbres, ponen en constantes retos y dificultades a la familia de Webster que al final del experimento se da cuenta de que todo el sacrificio sólo ha servido para rebajar las emisiones en un 52 %. Un resultado que sin embargo no está nada mal, teniendo en cuenta todo lo aprendido durante el experimento. Además, al final del mismo también asumen que no es nada fácil y que el entorno no lo facilita nada. En cualquier caso, la frescura y la sencillez de recursos fílmicos, pero muy bien manejados, convierten Recipes for disaster en una pequeña maravilla cinematográfica para sensibilizar sobre la lucha contra el cambio climático.

Como reconoce el propio John Webster, él tenía diecisiete razones para hacer razonar al público sobre la necesidad de cambiar nuestro estilo de vida. Pero al final sólo abordó seis de ellas. En cualquier caso, es una visión moral sobre el cambio climático. Aunque el film focaliza su atención en el plástico, éste es sólo un símbolo, porque donde realmente se rebajan las emisiones es en los desplazamientos, en el consumo energético del hogar y en el estilo de vida que adoptamos. El trabajo fílmico viene apoyado con una detallada factura de los datos reales de asumir la dieta baja en CO2 que adoptan y va suministrando con gran rigor los ahorros que consiguen en cada gesto. Recipes for disaster es un lúcido manual de buenas conductas para un estilo de vida más sostenible.

Recipes for disaster es un documental que entretiene, que tiene muchos momentos graciosos, pero que a la vez hace reflexionar y convence. Es auténtico aún siendo cine. Los recursos cinematográficos mínimos son utilizados con una gran maestría. Sobre el cambio climático tenemos ejemplos dispares, como lo es el género catastrófico, bien representado por El día de mañana. En el ámbito estrictamente documental señalamos el oscarizado Una verdad incómoda de Al Gore, así como el más holístico de todos ellos, La hora 11, que recopila las reflexiones de medio centenar de científicos y es conducido con temple por Leonardo DiCaprio.

El film de John Webster experimentando en su propia piel el reto de reducir las emisiones de efecto invernadero constituye una pequeña joya del cine actual, en su mezcla de documental y creatividad inteligente. Pero el film no hubiera sido posible si, además de la convicción de John, no hubiera contado con el amor de su familia, como reconoce su esposa Anu.

Curiosidades... El film tiene la particularidad de que hay una mezcla lingüística curiosa. Dado que la lengua materna de John es el inglés, habla con sus hijos en este idioma, pero en los diálogos con su esposa finesa ella lo hace en finés y él en inglés, excepto en los momentos más tensos, en que ella reclama que le hable en finés. En cualquier caso, la particularidad lingüística nos pone también en escena que la cuestión idiomática no es un problema para convivir: toda una lección para este país tan polarizado por la cuestión lingüística en determinadas áreas.

La división del film con carátulas a modo de recetas ilustradas es otra singularidad, aunque recuerda al planteamiento de una gran película de ficción como es El Golpe (The Sting) de George Roy. Recipes for disaster fue presentada en Enero de 2009 en el Festival Docs Barcelona. Ahora sólo cabe esperar que este reality-documental pueda llegar como mínimo al círculo del cine del arte y ensayo y que finalmente aparezca en DVD en nuestro país, porque sin duda es un recurso audiovisual de un gran valor para la educación a favor de la sostenibilidad. Como dato curioso, el presupuesto de este documental creativo ha sido tan sólo de 586.000 euros, vaya, un ajuste económico superdigno. John Webster fue entrevistado para La Vanguardia el 6 de febrero 2009.