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Chúpense mis vatios verdes

19 de diciembre 2009. De momento, la crónica de un fracaso anunciado en la quinceava conferencia de las partes sobre cambio climático, la COP 15 de Copenhague, ya tiene veredicto: Estados Unidos, China y otros gigantes en desarrollo como China, India y Brasil cerraron en el último momento un acuerdo de mínimos para salvar la cara. Tras acordarlo a puerta cerrada, Obama comunicó el acuerdo a la UE, que lo aceptó. El texto, de tres folios, ni incluye cifras de reducción de emisiones -todos los países se comprometen a presentarlas el 1 de febrero de 2010- y no incluye el concepto "verificación" de emisiones, que tanto molestaba a China. En su lugar, la transparencia que era clave queda como que habrá un sistema "internacional de análisis y consultas" que queda por definir.

Momento de la detención en el acto pacífico realizado por Greenpeace en una cena de gala para politicos de la COP 15 de Copenhague.

Lo otro es que en una audaz acción, Greenpeace consiguió colarse en una cena oficial y desplegar una pancarta con el lema "Los políticos hablan, los líderes actúan". Entre estos activistas, el Director Ejecutivo de Greenpeace, Juantxo López de Uralde que ha sido detenido y estará en presión hasta el día 7 de enero 2010 hasta que sea juzgado. Desde aquí nos sumamos a la solidaridad y exigimos su liberación, por que si nos quitan la libertad de expresión (de forma pacífica ni que sea colándose donde no toca) hay que sublevarse. Un ejemplo más de como la clase política está creando una profunda brecha entra la sociedad civil y sus dirigentes ciegos.

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El panel de la Guerrilla Solar inyectando esta mañana 84 Wh y ahorrando vatios fósiles y radioactivos.

Está claro y espero que con esta triste experiencia que ha sido Copenhague (y de la propotencia gubernamental contra la participación) las ONGs deserten definitivamente de tanto teatro y se apliquen en eso que reconocen: "¡Cambiad el sistema, no el clima!" y "Si el clima fuese un banco ¡ya lo habrían salvado!". Pero para cambiar el sistema tenemos que cambiar nosotros. Debemos buscar un plan B para presionar a nuestros políticos y como ya dijo hace más de un siglo Henry David Thoreau, la desobediencia civil, es nuestra mejor herramienta.

Hace años que el eurodiputado Hermann Scheer viene diciendo que las cumbres sólo contribuyen a intentar buscar el consenso para adoptar los mínimos compromisos. Y por ello hace años que predica la necesidad de pasar a la acción impulsando las renovables porque estas nos permiten abandonar la economía fósil que es la que nos ha llevado no sólo al calentamiento global sino también al concepto de crecimiento económico y recientemente a la crisis financiera. Hace unos días en un artículo suyo lo repetía: "Las sociedades han de tomar la decisión política de crear un nuevo orden. Esto no es una misión global; es una misión nacional". Su último libro traducido al español bajo el título Autonomía Energética es esencial para comprender porque Copenhague ni tampoco Kyoto son necesarios para frenar ni un ápice el calentamiento global. Que los políticos no lo lean pase, pero las organizaciones ambientales quizás antes de lanzarse a ser copartícipes deberían reflexionar sobre la vanguardia del pensamiento revolucionario.

La revolución ecológica se iniciará con el desembarco masivo de las renovables como resultado de poner una fecha de caducidad para el uso energético de los combustibles fósiles en todo el planeta y refundar el Programa de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente para convertirlo en una cámara de seguimiento de la crisis climática donde además fuera el marco para establecer los compromisos y la cooperación en materia de tecnología renovable y se sancionaran las conductas lesivas de las políticas nacionales de determinados estados que sólo contribuyen a incrementar el cambio climático.

Una cosa está clara, la mayor parte de la sociedad en los países occidentales no tiene intención de limitar o reducir su tren de vida. Mientras la población considere que es más importante el crecimiento económico que cuidar del planeta, los políticos no llegarán a ningún tipo de acuerdo vinculante. Hasta que no cambie la sociedad occidental no habrá ninguna posibilidad de combatir el calentamiento global. Esto podrá ocurrir de dos maneras. Una que lleva tiempo: la concienciación social y a la asunción de responsabilidades colectivas (y eso sabiendo que no disponemos ya de mucho tiempo). La otra quizás nos llegue como consecuencia de la constatación de cambios irreversibles en nuestro medio ambiente, pero puede que para entonces ya sea demasiado tarde. Así que hay que generar un movimiento social en el Primer mundo de predicar con el ejemplo. Las experiencias radicales de los no impact man o la de los pragmáticos de vivir con menos CO2 son el único camino. Tenemos las herramientas tecnológicas y hasta que no demos ejemplo, aquí no seguirá nadie.

La energía renovable instalada de forma distribuida permite convertir a cada consumidor de energía también en productor y, por tanto, participando del ahorro de emisiones y generando energía limpia.

Ante este fracaso anunciado cada día tengo más claro lo importante que es pasar a la acción en la vida personal. Instalé la semana pasada mi panel de la Guerrilla Solar, pero no había tenido la oportunidad de verlo funcionar porque o era un día nublado o bien cuando estaba en casa pues ya no había luz solar. Hoy, esta mañana, con un sol radiante simplemente, he comprobado lo que ya es evidente, pero los números a uno le estimulan la confianza.

Con mi medidor de energía instantánea general del hogar que me permite saber lo que consumo en electricidad en cada momento y, por tanto, ser testigo de cuanto ahorro se consigue, como por ejemplo por bajar la climatización de 20 ºC a 19 ºC. A lo que iba, he desenchufado todo para que se quedara a cero el consumo eléctrico. Luego he enchufado el panel de la Guerrilla Solar y en un día de sol radiante el contador ha indicado 0,084 kWh, o sea, la potencia que estaba generando. A continuación he encendido dos lámparas de bajo consumo de 10 W y ha bajado a 0,062 Wh. Y es que el contador inteligente no puede distinguir de que sentido le viene la corriente pero si que visualiza perfectamente la compensación entre la generación de vatios verdes con los que consumimos. Por un rato, he vuelto a desenchufar todo y me he gozado ver como los vatios verdes de mi panel se desparramaban por la red. En fin, algo realmente irrisorio, pero que me he quedado feliz: que se chupen mis vatios verdes.

En la primera medida, la potencia solar en el momento. En el segundo se ha puesto en marcha dos bombilla de bajo consumo de 10 W que son descontados. En el tercero, se muestra que al desenchufar el panel solar y sin ningún consumo, este es simplemente, cero.

Mientras, hay que trabajar para asaltar la burocracia energética que en este país ha paralizado no sólo el desarrollo de las renovables sino que de facto impide el acceso de la ciudadanía a la red eléctrica si no es para ser esclavos de las grandes corporaciones que nos meten petróleo y radioactividad en forma de electrones. Como afirmaba la delegada de Greenpeace en Cataluña en un artículo reciente: “si los líderes fallan, deberemos hacer el trabajo nosotros mismos. No nos queda tiempo que perder. Debemos organizarnos para presionar para la introducción efectiva y vertiginosa de las energías renovables…porqué sino que sentido tiene poner tanto amor y energías para con nuestros hijos y a la vez ser cómplices de la traición para con su futuro". Sólo espero que mis vatios verdes le den que pensar a Zapatero, que por cierto ha acusado recibo del libro Autonomía energética, por aquello que si no puede comprarlo en las librerías de los aeropuertos…

Fotos: Fundación Tierra
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