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De aprendiz de cicloturista

No es habitual encontrar propuestas para aprender el oficio de andar por el mundo con una bicicleta. Es evidente que en este arte los hay de bien experimentados como el solitario Biciclown, y de otros más sofisticados que lo hacen en pareja y con bici especial para batir récords. A mi, simplemente, me apetecía conocer de forma práctica como ser un buen cicloturista. Así que me apunté a la propuesta de Espai Ruta, de tres días por la bella comarca del Lluçanés, zona por la que organizaban un minicurso práctico de esta modalidad ciclista. Una experiencia que además permitía rodar también con bicicletas diferentes que la propia organización ponía a disposición de los participantes y de este modo valorar las tecnologías desde la propia experimentación.

Pedaleando para aprender lo básico sobre cicloturismo de forma práctica.

Otro aspecto que me interesaba era que la aproximación a la ruta era viajando en tren. De este modo veía satisfecha también mis inquietudes de turistear con baja cuota de emisiones. Aunque la línea de RENFE Barcelona-Puigcerdà no tiene trenes adaptados para llevar bicicletas, pudimos colocarlas de forma que no molestaran al pasaje. El inicio de la ruta era una jornada de iniciación de unos 25 km para salvar el desnivel principal desde Manlleu hasta el altiplano del Lluçanés. El segundo día era una ruta circular por la comarca de unos 55 km con desniveles aceptables pero constantes. Finalmente, el último día eran 40 km mayoritariamente en llano y cuesta abajo para llegar a Vic, ciudad donde debíamos tomar el tren de vuelta. Tres días que fueron suficientes para que uno pudiera experimentar con su bicicleta y sus bártulos y a la vez compararlo con otras propuestas seleccionadas por los organizadores. De esto se trataba, que uno se apuntaba con sus ideas de organización del equipaje y de preparación de la bicicleta y luego pudiera sacar sus propias conclusiones a partir de esta experiencia.

El paisaje rural impresionante de la comarca catalana del Lluçanés que ofrece numerosos atractivos culturales y de ecoturismo.

Algunos pronto descubrieron que llevaban demasiado equipaje; otros que tenían desajustes en la bicicleta o simplemente que no llevaban la bicicleta más adecuada, como me sucedió a mi -a pesar del cariño que le tenía a mi opción heterodoxa. Pero de eso se trataba, de experimentar y valorar desde la práctica. La organización puso un vehículo de soporte para atender cualquier emergencia. En realidad, sin este no hubiera llegado al final de la ruta de la segunda jornada de 55 km. La persistente lluvia impidió que pudiéramos detenernos a almorzar con tranquilidad lo cual me llevó a quedarme exhausto pues tampoco controlaba muy bien el tema de los mezclas isotónicas y demás. La última docena de km, eran los que tenían las cuestas más durillas y el coche de soporte hizo su faena con el buen hacer de la joven y experimentada cicloturista, Carlota, que se había ofrecido para este menester de colaboración desinteresada.

Moverse en bicicleta nos ofrece la sensación de integrarnos en el paisaje sin alterar su tranquilidad natural.

Para esta ruta escogí mi plegable con ruedas de veinte pulgadas y un cambio interno de ocho velocidades, que aunque tiene sólo un desarrollo de un 306 % (algo justillo) lo tengo montado con un piñón grande para facilitar la subida de cuestas, aunque luego en bajada no se puede pedalear a velocidades de más de 35 kmh (pero quien quiera correr más!). La forma de llevar mis bártulos era poco convencional para el caso. Una mochila sujetada con el aro metálico de una bolsa de Klickfix y reposando sobre el portaequipajes para quedar bien firme. Por delante, una bolsa de bandolera adaptada para poder llevar el agua y otras cosillas de primera necesidad. En fin, a mi entender de neófito, una logística austera y funcional, aunque poco adecuada como luego pude comprobar. Por ejemplo, la mochila no es totalmente impermeable y dado que nos llovió a mares, pues tuve que protegerla con plásticos como pude.

Mi bicicleta plegable adaptada para la salida cicloturista de aprendizaje.

De alforjas de cicloturista las hay de impermeables y las que son de cordura se sirven habitualmente con fundas impermeables. Al terminar la ruta diaria nos explicaron como organizar un viaje cicloturista. A mi me interesó especialmente como organizar el equipaje básico en dos alforjas más algún complemento. Así me enteré que las dos marcas más versátiles, Ortlieb y Vaude ofrecen modelos para todas las aplicaciones necesarias. Incluso, una de ellas, dispone de una bolsa especial para guardar el papel higiénico sin que se moje o tome humedad. Otra cuestión que se trató durante la ruta fue la alimentación. Cuando uno está en un ruta cicloturista pues el organismo va perdiendo nutrientes y agua. Así que el agua es imprescindible, así como determinadas mezclas con azúcares. Acarrear dos litros de líquido para un día es lo mínimo. Luego, están las barritas energéticas, de ellas puede degustar las de Mulebar, que además son con ingredientes naturales y realmente revitalizadoras.

El tandem Hase Pino demostró toda su potencialidad, especialmente para personas con discapacidades de visión.

Finalmente, está el tema herramientas básicas para las mínimas reparaciones. Llevar algunos radios de las medidas de las ruedas, recordando que puede haber 4 medidas diferentes es importante. Parches, bridas de plástico y alguna cámara de repuesto. Un kit de herramientas adecuadas para reparar la rotura de la cadena o ajustar frenos y otros tornillos es también necesario. Durante, la ruta, precisamente, David, el mecánico de Espaibici nos ofreció una práctica sobre cómo reparar una rotura de cadena en el tandem Hase Pino. Por cierto, que este singular tandem hizo las delicias de uno de los participantes que tenía visión disminuida. Este, aunque vino con su bicicleta de cicloturista se lo pasó en grande pedaleanod con esta modalidad de ciclo. El tandem Hase Pino fue la máquina más rápida en las bajadas prolongadas pues su mayor estabilidad le permitía entrar en las curvas cerradas incluso a más de 45 kmh.

Práctica arreglando una rotura de cadena.

Al final, tras tres días de viaje recorriendo los pueblos del altiplano de la comarca del Lluçanés nos pedaleamos unos 120 km, una ruta más que adecuada y con una dificultad apta para principiantes. Los de Espai Ruta aseguran que organizarán nuevas salidas. Me gustó especialmente recorrer algunos de los pueblitos de la zona incluida la visita al claustro románico de Lluçà, así como degustar algunas delicias gastronómicas locales a base de embutidos artesanales o las coques de Perafita.  También fue interesante, que en dos de los pueblos en los que nos hospedamos se organizaron sendas charlas sobre diferentes experiencias de viajes cicloturistas abiertas al público  a cargo de expertos. En definitiva, estas mini jornadas cicloturistas me parecieron una actividad ideal para hacer deporte, culturizarse y aprender sobre la práctica.

zoom

Un capitel del interesante claustro románico de Lluçà.

En resumen, lo que aprendí: En cuanto a mi bicicleta, pude comprobar que mi plegable quedaba algo justa para recorridos de más de 30 km con desniveles medianos. Me bastó hacer algún tramo con una de las bicicletas Fetama preparadas para cicloturismo, una equipada con el nuevo cambio interno Alfine 11 velocidades de Shimano y otra con el mejor cambio interno que se fabrica, el Rohloff de 14 marchas.  En cuanto a la organización del equipaje pude comprobar lo adecuado que son las alforjas. Cuando se ha de llevar mucho equipaje es bueno que un 70 % del peso vaya en las alforjas traseras y el 30 % en alforjas delanteras. Sin embargo, descubrí que con poco equipaje basta; de toda la ropa que llevaba de recambio la mitad me sobró. Sobre la alimentación, debía haber llevado provisiones en forma de barritas energéticas naturales para tomar a lo largo de la ruta.

Tener esta experiencia me ha servido pues para enterarme sobre las características mínimas que debería tener una bicicleta para viajar, sus complementos y como organizar un viajecillo. Además, la organización fue impecable en todos los aspectos, tanto que incluso al final de la ruta sortearon entre los asistentes diferentes útiles para viaje cicloturista de los sponsors que apoyaron esta interesante iniciativa. En fin, todo un acierto de estos amantes de la bicicleta de Espai Ruta.

 

actualizado: 
12/10/2010